Hoy, como cada día, cojo la moto por la mañana para ir al trabajo.
En una parada, por casualidad me he fijado en el neumático trasero y me he encontrado ésto. Un tornillo clavado en plena cubierta, cuando aún le falta media vida para tener que cambiarlo.
“Porqué me pasa a mi? Ahora me toca gastarme otra vez los 160 euros en una cubierta nueva.” he pensado.
Justo en ese momento ha pasado un amable señor (dijo que él tenía una Fazer) y que no pasaba nada. Que revisara la presión, y que simplemente fuera a un taller a que me repararan el pinchazo. “Ah, pero se puede reparar bién?” Pues resulta que sí.